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La Voz de la Espada. Un análisis de los discursos pronunciados por el general Uriburu durante el primer golpe de estado de la Argentina moderna.

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La Voz de la Espada. Un análisis de los discursos pronunciados por el general Uriburu durante el primer golpe de estado de la Argentina moderna.

Detalles

En la mañana del 6 de Septiembre de 1930, al mando de un grupo de cadetes del Colegio Militar, el general José Félix Uriburu atravesó la ciudad de Buenos Aires en dirección a la Casa Rosada. Horas más tarde, en su interior, obtenía la renuncia del vicepresidente Enrique Martínez y, al caer el día, la del presidente Hipólito Yrigoyen. El significado histórico de este acontecimiento fue, desde un principio, objeto de disputa. Entre el desconcierto de muchos, hubo quienes lo recibieron como el lógico y esperable epílogo de un periodo de desorden político y social, inaugurado por el segundo y abrumador triunfo del líder radical en las elecciones de 1928. Para otros, el quiebre institucional reflejaba el fracaso temprano de una joven democracia, abatida por su primer crisis de gobernabilidad. Y hubo, finalmente, quienes vieron en los hechos de septiembre el signo de algo nuevo, la aparición de una promesa. Con la perspectiva que permite – tanto como, por cierto, limita – el transcurrir de los años, el movimiento de septiembre fue identificado como un importante punto de inflexión en la historia política e institucional de la Argentina. El acontecimiento no sólo interrumpía la sucesión de presidentes constitucionales que el país había sostenido desde 1862, sino que constituyó el primer golpe de estado contra un gobierno que había llegado a ocupar el poder ejecutivo con un amplio apoyo popular, gracias a la reforma electoral de 1912 , anticipando de algún modo las dificultades con las que tropezarían los procesos de democratización en la Argentina. Pero también y fundamentalmente, los hechos de septiembre inauguraron un tipo de intervención por parte de las Fuerzas Armadas en la política nacional que apartaba a la institución castrense de la posición abstencionista sostenida desde principios de siglo y que se prolongaría, con distintos matices, durante más de cincuenta años, si consideramos las posteriores intervenciones militares hasta 1983. El golpe de estado implicaba, en su misma existencia, la anulación de la legalidad democrática y el desconocimiento de los procesos constitucionalmente fijados para el establecimiento de la autoridad política, por medio de un acto de fuerza. Sin embargo, sus protagonistas no pudieron eludir la tarea de construir la legitimidad de su intervención y de su permanencia en el poder, ante la ciudadanía en general y frente a determinados grupos en particular. Y si bien el movimiento de septiembre contó con intelectuales, políticos y periodistas que lo acompañaron y defendieron argumentalmente, sin duda correspondió a su líder, el general Uriburu, una buena parte de este esfuerzo. La década comenzaba para la Argentina en un clima de turbulencia, generado entre otros factores por el incremento de la conflictividad social, el impacto recesivo de la crisis bursátil de 1929 y el derrumbamiento de un modelo económico que, al menos en términos macroeconómicos, le había permitido al país transitar sin demasiados sobresaltos un periodo de significativa prosperidad. El quiebre de la continuidad institucional se produjo en el marco de una puja entre distintos grupos y fuerzas sociales por la conducción del estado nacional. Y esta puja fue también una lucha por la imposición de un sentido que diera cuenta de los procesos por los cuales el país atravesaba y por las medidas que debían implementarse para salir de la crisis. Uriburu, en particular, procuró construir la legitimidad de su intervención y breve permanencia en el Poder Ejecutivo por medio de una serie de manifiestos, discursos y pronunciamientos, que son los que integran el corpus de esta investigación. El presente trabajo expone un análisis de la práctica discursiva implementada por el general Uriburu, desde que tomó a su cargo la presidencia de la Nación hasta la entrega del gobierno a su sucesor, el general Justo. Las precisiones sobre el enfoque teórico con el cual abordamos el estudio y las herramientas conceptuales utilizadas son presentadas en el primer capítulo. También incluimos aquí las hipótesis que orientaron la investigación, la selección del corpus y su tratamiento. El contenido del segundo capítulo responde a las hipótesis desarrolladas en el primero: constituye una revisión de los procesos sociales dentro de los cuales se inscribe la práctica discursiva de Uriburu y cuya consideración resulta necesaria para el efectivo análisis de la misma. El señalamiento de las condiciones sociales también es abordado en el tercer capítulo, pero en este caso con el objetivo de situar - en relación a las posibilidades y los límites de su acción - al actor o sujeto de dicha práctica, es decir, para definir el agente social. La segunda parte del trabajo corresponde al análisis de la práctica discursiva de Uriburu, a partir de los enunciados por él producidos como Presidente Provisional de la Nación. Como se explicará en las siguientes páginas, hemos optado por una periodización del corpus en función de la hipótesis de trabajo sostenida. De este modo, los cuatro capítulos siguientes corresponden a los cuatro momentos que hemos distinguido en nuestro objeto de estudio. Finalmente, retomaremos en el último capítulo las hipótesis iniciales del trabajo para esbozar algunas conclusiones y reflexiones sobre el impacto de la práctica discursiva de Uriburu en los años posteriores a su intervención.

Contenido Disponible

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Información adicional

Editorial Advocatus Ediciones
Autor Rozas, Edgardo Pablo
Edición 1a ed.
Fecha de Edición 2014
ISBN 9789875512641
Páginas 186

Availability: En existencia

$ 270,00
En la mañana del 6 de Septiembre de 1930, al mando de un grupo de cadetes del Colegio Militar, el general José Félix Uriburu atravesó la ciudad de Buenos Aires en dirección a la Casa Rosada. Horas más tarde, en su interior, obtenía la renuncia del vicepresidente Enrique Martínez y, al caer el día, la del presidente Hipólito Yrigoyen. El significado histórico de este acontecimiento fue, desde un principio, objeto de disputa. Entre el desconcierto de muchos, hubo quienes lo recibieron como el lógico y esperable epílogo de un periodo de desorden político y social, inaugurado por el segundo y abrumador triunfo del líder radical en las elecciones de 1928. Para otros, el quiebre institucional reflejaba el fracaso temprano de una joven democracia, abatida por su primer crisis de gobernabilidad. Y hubo, finalmente, quienes vieron en los hechos de septiembre el signo de algo nuevo, la aparición de una promesa. Con la perspectiva que permite – tanto como, por cierto, limita – el transcurrir de los años, el movimiento de septiembre fue identificado como un importante punto de inflexión en la historia política e institucional de la Argentina. El acontecimiento no sólo interrumpía la sucesión de presidentes constitucionales que el país había sostenido desde 1862, sino que constituyó el primer golpe de estado contra un gobierno que había llegado a ocupar el poder ejecutivo con un amplio apoyo popular, gracias a la reforma electoral de 1912 , anticipando de algún modo las dificultades con las que tropezarían los procesos de democratización en la Argentina. Pero también y fundamentalmente, los hechos de septiembre inauguraron un tipo de intervención por parte de las Fuerzas Armadas en la política nacional que apartaba a la institución castrense de la posición abstencionista sostenida desde principios de siglo y que se prolongaría, con distintos matices, durante más de cincuenta años, si consideramos las posteriores intervenciones militares hasta 1983. El golpe de estado implicaba, en su misma existencia, la anulación de la legalidad democrática y el desconocimiento de los procesos constitucionalmente fijados para el establecimiento de la autoridad política, por medio de un acto de fuerza. Sin embargo, sus protagonistas no pudieron eludir la tarea de construir la legitimidad de su intervención y de su permanencia en el poder, ante la ciudadanía en general y frente a determinados grupos en particular. Y si bien el movimiento de septiembre contó con intelectuales, políticos y periodistas que lo acompañaron y defendieron argumentalmente, sin duda correspondió a su líder, el general Uriburu, una buena parte de este esfuerzo. La década comenzaba para la Argentina en un clima de turbulencia, generado entre otros factores por el incremento de la conflictividad social, el impacto recesivo de la crisis bursátil de 1929 y el derrumbamiento de un modelo económico que, al menos en términos macroeconómicos, le había permitido al país transitar sin demasiados sobresaltos un periodo de significativa prosperidad. El quiebre de la continuidad institucional se produjo en el marco de una puja entre distintos grupos y fuerzas sociales por la conducción del estado nacional. Y esta puja fue también una lucha por la imposición de un sentido que diera cuenta de los procesos por los cuales el país atravesaba y por las medidas que debían implementarse para salir de la crisis. Uriburu, en particular, procuró construir la legitimidad de su intervención y breve permanencia en el Poder Ejecutivo por medio de una serie de manifiestos, discursos y pronunciamientos, que son los que integran el corpus de esta investigación. El presente trabajo expone un análisis de la práctica discursiva implementada por el general Uriburu, desde que tomó a su cargo la presidencia de la Nación hasta la entrega del gobierno a su sucesor, el general Justo. Las precisiones sobre el enfoque teórico con el cual abordamos el estudio y las herramientas conceptuales utilizadas son presentadas en el primer capítulo. También incluimos aquí las hipótesis que orientaron la investigación, la selección del corpus y su tratamiento. El contenido del segundo capítulo responde a las hipótesis desarrolladas en el primero: constituye una revisión de los procesos sociales dentro de los cuales se inscribe la práctica discursiva de Uriburu y cuya consideración resulta necesaria para el efectivo análisis de la misma. El señalamiento de las condiciones sociales también es abordado en el tercer capítulo, pero en este caso con el objetivo de situar - en relación a las posibilidades y los límites de su acción - al actor o sujeto de dicha práctica, es decir, para definir el agente social. La segunda parte del trabajo corresponde al análisis de la práctica discursiva de Uriburu, a partir de los enunciados por él producidos como Presidente Provisional de la Nación. Como se explicará en las siguientes páginas, hemos optado por una periodización del corpus en función de la hipótesis de trabajo sostenida. De este modo, los cuatro capítulos siguientes corresponden a los cuatro momentos que hemos distinguido en nuestro objeto de estudio. Finalmente, retomaremos en el último capítulo las hipótesis iniciales del trabajo para esbozar algunas conclusiones y reflexiones sobre el impacto de la práctica discursiva de Uriburu en los años posteriores a su intervención.

Información adicional

Editorial Advocatus Ediciones
Autor Rozas, Edgardo Pablo
Edición 1a ed.
Fecha de Edición 2014
ISBN 9789875512641
Páginas 186